jueves, 12 de mayo de 2011

El hermano mayor, lleva a la pequeña a tomar helado. Y sonríe.



Si un niño o un perro pueden ayudar a un hombre a conocer mujeres en una plaza o lugar similar, no tengo idea. Estoy sentado en una heladería mientras la niña toma su helado de chocolate y dulce de leche granizado. A su edad nunca toma helado sola, sino que lo comparte equitativamente con su ropa, logrando una muy linda combinación entre su remerita blanca y beige (tipo marinero), y el chocolate.
Reitero, no sé si sirve para conocer o espantar mujeres. Lo que si sé ahora, es que salir a pasear con esta pequeña me desconecta de la realidad por un par de horas, aún teniendo que estar atento a sus corridas, saltos, preguntas inesperadas, etc. Más relajado que hacer Kick-boxing, más alegre que psicoanálisis, y más sano que los licores.
Mientras trato de limpiar con una servilleta de papel la nueva mancha que ella festeja, la mesera se acerca con un vaso de soda y un trapo. Mientras limpia las manchas, me explica que con soda las manchas salen mas fácil, aunque al ser de chocolate puede que no salgan estas manchas. Mientras escucho esta explicación de las manchas y los métodos de limpieza, veo que es joven, pero parece más grande, o mejor dicho, tiene los ojos muy cansados para su edad. Me imagino un par de horas diarias de viaje al trabajo, y demás dificultades. Paro de pensar eso, por ahí salió ayer y fue directo al trabajo, quien sabe. Las manchas salen, todos estamos contentos, le agradezco la amabilidad, y tomo nota mental de dejar buena propina. Me sonríe tierno y me pregunta si soy el padre, miento y sonrío. Capaz sí sirve salir con niños.

Caminamos por Recoleta, y trato de explicarle porque hay un cementerio en el medio de la ciudad. Le parece lógico que la gente pasee por un lugar tan lindo, llego de casitas pequeñas. Creo que todos razonamos así al principio, hasta que algún adulto nos dice que razonamos mal, entonces cambiamos la forma de ver las cosas. Nos cruzamos con Ella y su amiga. Es incómodo vernos después de lo que hablamos hace menos de una semana, y más aún verme con una niña de la mano. Y algodón de azúcar rosa, que le da un toque gracioso a la escena, lo cual ayuda a romper el hielo. Hablamos de boludeces 2 minutos, les digo que íbamos de camino al Centro Cultural, a ver una muestra para niños. La amiga que por la forma que tiene de mirarme, debe saber de mi vía Ella, parece tener ganas de ver como soy, porque se le ocurre acompañarnos.
Por suerte la niña despliega esa simpatía que siempre le consigue helados, golosinas, y demás cosas. Me tendría que dar unas clases, lo cual es medio patético de admitir.
Caminamos hacia la entrada, con la pequeña agarrada a mi izquierda, y Ella a mi lado derecho. Después de lo que hablamos el otro día, caminar así juntos es, como mínimo, raro. La pequeña pregunta cosas, y yo respondo como guía de turismo con mucha paciencia. Noto como me miran y escucha, a Ella esta faceta mia la tiene medio intrigada, o sorprendida, o ambas. Su amiga, al no conocerme, por ahí piensa que esta es mi forma de ser, y seguro no encaja con las cosas que Ella le contó.
Mientras vemos la muestra, le explico a la nena y a ellas quien hizo la muestra, y demás datos (ya la ví, admito). Me siento de excursión. La pequeña ya entro en confianza y habla con ellas, las cuales aprovechan para preguntarle de todo sobre como la trato, sin ningún disimulo. La nena me describe como un perfecto hermano cariñoso, divertido y regalador. Recién tiene 5 años, pero es obvio que vamos a ser grandes cómplices.
Mientras nos sentamos en uno de los patios, yo le ato los cordones y la niña me da un beso-abrazo. Ella mira la situación, y hace ese gesto que hace mucho no veía. Ese gesto que me hacía cuando de pronto me miraba fijo y me decía que le gustaba mucho. La amiga arruina el momento tirando al piso la gaseosa. Salimos de ahí, y decido sacarme las ganas, y tener a ambas agarradas de la mano. Ella siente mi dedo índice rozando su palma, como pidiendo permiso, buscando predisposición. Parece que la hay, asique vamos tomados de la mano. No sé porque, pero esas cuadras me ponen feliz, y me dejan callado por bastante tiempo. Ellas se tienen que tomar un taxi, esperamos con ella a que pare alguno. Mientras es sube su amiga la saludo con un beso en la mejilla indeciso. Ella me dice que mañana vaya a cenar a su casa. “Te llamo” le digo. Nosotros seguimos camino, esta vez la pequeña no camina, sino que está a upa mío, sobre mi hombro derecho, con los bracitos alrededor de mi cuello. Vamos callados.
Veo a un chico paseando con un ovejero alemán, habla con una chica. Los miro y me vuelvo a preguntar si un niño o un perro pueden ayudar a un hombre a conocer mujeres en una plaza o lugar similar, pero no tengo idea.

FIN

3 comentarios:

Lola dijo...

Me gustó mucho la dinámica de lo escrito. siempre da ternuura ver un padre con su hijo... pero de ahí a que esa situacion ayude al levante... no lo se.. quizas si buscas una mujer que desee completar ese cuadro... si no es así a la que enganches de esa manera quizas pueda salir lastimada. Sobre los perros depende donde vivas... si vivis donde yo.. quizas solo ganes que te muerda ... algun dueño.

Eloy dijo...

No es hija, sino hermanita. Nunca logré levantar algo con niñita o con perro al lado. Pero el levante con perro de por medio en Barrancas de Belgrano, existe y me consta.
Me decís que tiene dinamica el texto y alegras mi día, era lo unico que buscaba jajajaja.

Lola dijo...

nene!!! leí que era hermanita... igual la imagen que genera ese levante es la ternurosa... Habrá que rescatar un cachorro entonces e ir por Belgrano.